LA TRISTEZA
La tristeza es agua, es color azul, es noche, es invierno.
Es un proceso químico. Pero también tiene una función muy importante dentro del alma. ¿Para qué sirve? ¿Cómo gestionar ese sentimiento desagradable?
“La felicidad es saludable para el cuerpo, pero es la pena la que desarrolla las fuerzas del espíritu.»
Marcel Proust
Sentirse triste después de una pérdida, un fracaso, una defunción, es un proceso normal. Debemos abrazarlo como algo natural. En nuestra cultura estamos demasiado acostumbrados a huir de cualquier mínima molestia. Enseguida buscamos el confort, la alegría o una pastillita que nos devuelva a la sonrisa que puede publicarse en redes sociales.
Hay emociones más agradables que otras, pero no hay emociones buenas y malas. Todas son útiles.
La tristeza sirve para pensar y para descansar.

Cuando estamos disfrutando de la alegría no pensamos. Hay momentos en los que necesitamos reflexionar, elegir, decidir. Para eso es ideal el estado de calma y pasividad que sentimos después de llorar.
También es una reacción a tiempos de actividad agotadora, física o mental. Lo que solemos llamar stress. Aunque el stress real es mucho más serio.
¿Fármacos? No, gracias. Si tienes una razón para estar triste, no estas sufriendo depresión, es diferente. Cuando has acabado con el trabajo de meditar y reponer fuerzas, lo que te devolverá a tu alegre bienestar es: nueces, carne y clara de huevo (contienen un aminoácido llamado L-tirosina que ayuda a sintetizar noradrelalina).
El proceso químico: Disminuye la liberación de noradrenalina y serotonina.
Se reduce el ritmo natural del cuerpo. Todos los procesos tardan más. Es como si pudieras hacer que el tiempo vaya más lento.
Se produce una pérdida de la capacidad de atención a estímulos exteriores y desinterés por relacionarte con otras personas. Es introspección pura. De ahí que puedas pensar y recordar mejor.
Si lo piensas, cuando estás hecho un mar de lágrimas, recuerdas perfectamente sucesos de hace muchos años. De repente, incluso exploras detalles de esas situaciones y haces comprensiones que nunca habían venido a tu mente. En cambio, cuando estás alegre, no recuerdas ni por dónde has venido.
La conexión que hacemos lectores de Registros Akáshicos, canalizadores, Tarotistas y médiums se beneficia mucho de este efecto, porque representa un esfuerzo mental importante.
Y ¿Qué es la tristeza para el alma?

En momentos de tristeza tenemos mucha más conexión con las esferas superiores. Es debido a que nuestras funciones biológicas se ralentizan, dejamos de buscar la felicidad en el mundo material y nos adentramos en nuestro interior. Pensamientos, recuerdos, búsquedas interiores. Necesitamos respuestas. Queremos entender qué nos ha traído a esa zona de no-confort y dónde está el camino de salida.
En días tristes tienes a tu disposición mucha más información que cuando estas activo. Entonces ¿un buen vidente debe ser una persona triste? El equilibrio siempre es la respuesta.
O quizá sea cierto que no hay nada que no pueda solucionar una buena taza de té.


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